Fiesta de San Caralampio


10 de Febrero

Barrio La Pila, Comitán de Domínguez

San Caralampio llegó a Comitán por el año de 1850 con un soldado de nombre Otero; este soldado tenía una novena histórica del mártir Caralampio, en cuya portada venía la efigie del mártir hincado, un romano alfanje en mano dispuesto a decapitarlo y el Redentor en una nube en lo alto. Don Raymundo Solís vecino del barrio de La Pila, leyó esta novena y se convirtió en admirador del mártir y le pidió al soldado se la vendiera. Hizo un cuadro copiando la portada de la novena y lo llevó a su rancho Tzeltón, cercano a la población y lo nombró Patrón del lugar.
 
En aquella ocasión, la peste fue la que invadió a Comitán; la viruela estaba haciendo estragos, al igual que el cólera, y se dio la casualidad de que en el lugar donde se veneraba al santo, no se registró ningún caso de estas enfermedades. Sin embargo, en Comitán, las muertes ocurrieron por montones. En consecuencia, se le nombró abogado especial para combatir la peste y los aires contagiosos. Tan pronto como pasó la virulencia y el pueblo recobró la calma, se formó una junta por parte de los vecinos de La Pila, y fue don Raymundo quien donó un terreno. En ese lugar se levantaron los primeros cimientos del templo en 1852. Posteriormente, en 1855, se concluyó su construcción.

Actualmente el día 10 de febrero se lleva a cabo la romería a San Caralampio. Gente de todo Comitán y de las rancherías cercanas se reunen en el Chumís, con el fin de participar, y desde allí partirán al templo.

Es la Entrada de Flores más grande y vistosa que hay. Anunciando la algarabía vienen los diablos, muertes, gigantes, comanches y enmascarados que bailan frente al templo; repiques a vuelo y estruendosa cohetería, dejan sus ofrendas y pasan a la sacristía donde se les obsequia refresco preparado con temperante. En la plaza frente al templo, el sonar de los tambores y pitos, marimbas, repiques y cohetes.

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