El Pueblo Mágico de Copainalá se llena de color y danzas cada año, del 5 al 10 de mayo, durante la Fiesta Patronal de San Vicente Ferrer. Las actividades inician con una emblemática cabalgata que recorre los distintos barrios del municipio, mientras los templos se engalanan con flores naturales en honor al santo patrono.
A lo largo de la festividad se desarrollan eventos religiosos, culturales, musicales, gastronómicos y deportivos, que consolidan a esta fiesta como un referente del patrimonio vivo de la región zoque. Los visitantes pueden disfrutar de una amplia variedad de dulces típicos como chilacayote, higo, camote, cajetas, confites y cocadas de colores. A esta oferta se suman comerciantes de municipios vecinos como Tapilula y Coapilla, quienes enriquecen la experiencia con su presencia y productos.
Uno de los momentos más significativos de la celebración es la tradicional danza de “La Encamisada”, interpretada por mujeres ataviadas con blusas blancas. Esta expresión artística revive una antigua historia cuyo origen se remonta a 1943 en la comunidad de Zacalapa. Se cuenta que en ese entonces vivía una mujer de extraordinaria belleza, cuyo encanto atraía las miradas de todos los hombres que pasaban cerca. Su simpatía y coquetería la hacían brillar en cada fiesta, aceptando con alegría cada invitación a bailar. Sin embargo, su luz fue opacada por la envidia de las mujeres del pueblo, quienes, incapaces de soportar su presencia, recurrieron a la magia negra para arruinarla. Un hechizo cruel le deformó el cuerpo, le hizo perder el cabello y la condenó al desprecio. Obligada a ocultarse tras blusones blancos que disimularan su nueva figura, la mujer decidió acudir a un brujo para recuperar su antigua belleza. Este le indicó que debía bañarse durante siete noches consecutivas en el río Zacalapa, a la medianoche. El ritual comenzó a surtir efecto, pero los celos de su esposo —alimentados por los chismes de la comunidad— lo llevaron a lanzar un nuevo hechizo sobre ella. Así, la posibilidad de volver a ser quien era se desvaneció para siempre.
Durante estos días, Copainalá se transforma en un escenario donde sus habitantes lucen orgullosos sus trajes típicos y comparten con visitantes nacionales e internacionales la riqueza cultural que distingue al municipio.
Las autoridades municipales extienden una cordial invitación a los ejidos, comunidades y municipios circunvecinos a sumarse a esta celebración y disfrutar de la hospitalidad, tradición y alegría que caracterizan a la Fiesta Patronal de San Vicente Ferrer.